La lucha de Kiki y su familia tiene un final feliz: le otorgaron la adopción definitiva a Cristina Morla

Kiki, Cristina y Sebastían Juntos como siempre y legalmente una familia desde el miércoles pasado. (Foto: gentileza Cristina Morla).
Kiki, Cristina y Sebastían Juntos como siempre y legalmente una familia desde el miércoles pasado. (Foto: gentileza Cristina Morla).

“Misión Cumplida”. En dos palabras, Cristina Morla resume lo que significa para ella y toda su familia, haber logrado la adopción definitiva de Kiki y su hermano Sebastián. “Pude conseguir lo que tanto habíamos soñado. Él ya había elegido a su familia y a su mamá. Solo faltaba que lo reconociera la Justicia y el Estado”, explica Morla en comunicación con Somos Familia.

La historia de Kiki se hizo pública en 2018 cuando se conoció la noticia de que después de haber vivido un año y siete meses con una familia de guarda, que había comenzado los trámites de adopción, la subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de Santa Fe decidió que el menor fuera entregado a otras personas: “Llegó a casa en junio de 2016 en el marco del programa Familias Solidarias y se suponía que iba a estar como máximo seis meses”, recuerda Cristina.

Tenía un año y cuatro meses, y había estado institucionalizado un tiempo hasta que llegó a la casa de Morla. “La justicia tenía que resolver su situación de adoptabilidad pero como eso nunca sucedió, Kiki nos eligió como su familia”, sostiene la mujer en comunicación con TN.com.ar.

Cristina, Kiki, Sebastián, Magali y Florencia las dos hijas mayores de la familia. Foto: gentileza Cristina Morla.

Durante 2017, Cristina reclamó para que se agilizaran los trámites, pero al ver que no había respuesta y que el nene había decidido que ella fuera su mamá, pidió la adopción del menor en octubre. “En diciembre de ese año, me entero de la existencia de Sebastián, un hermanito de ocho meses. Cuando me notifica la Secretaría de Niñez que querían vincular a los chicos, decido ampliar el pedido de adopción a los dos”.

El argumento inicial para no permitir que lo adoptara a Kiki fue que se había hecho cargo del nene dentro del programa de acogimiento familiar Familias Solidarias, y que esa condición le impedía ser adoptante.

Por otra parte, en su momento, desde la subsecretaría habían afirmado que el nene tenía que vincularse con su hermanito que estaba con otra familia de guarda. “Nosotros nunca nos opusimos a esta vinculación. Nos enteramos el 26 de diciembre que tenía un hermanito menor. Las asistentes sociales vinieron a casa, le preguntaron a Kiki si quería conocerlo y tuvieron su primera vinculación fue el 27 de diciembre de 2017”, había relatado a este sitio en su momento.

Cristina, Kiki y Sebastián juntos. Foto: gentileza Cristina Morla.

El día que se lo llevaron lejos de casa

El 18 de enero de 2018, por orden de la Justicia, tuvo que llevar a Kiki a la sede de la subsecretaría de Derechos de la Niñez, Adolescencia y Familia de Santa Fe para que fuera entregado a otra familia solidaria. “Cuando me lo sacan en enero es que empieza mi lucha para recuperarlo. Fueron cuatro meses eternos hasta que me lo restituye la Corte Suprema de Santa Fe”.

El 22 de mayo de 2018, la Sala Segunda de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial decidió que el nene volviera con la familia. Se había resuelto mediante una cautelar la situación de Kiki, pero en realidad lo que la familia quería era adoptarlo a él y a su hermanito.

Mientras continuaban las entrevistas y evaluaciones del proceso de adopción, empiezan nuevamente los encuentros de la vinculación entre los nenes y la jueza la suma a Cristina. “Ese mismo año, en noviembre de 2018, la titular del juzgado de familia dictamina que Sebastián vaya a vivir con nosotros a casa”.

El sueño de llevar el mismo apellido

En agosto de 2019, la jueza firma la guarda preadoptiva de los dos y la adopción plena el 17 de febrero. “Ante la ausencia del Estado fue Kiki quien eligió a su familia. Ahora solo resta que terminemos los trámites para que los dos lleven mi apellido”.

En la sentencia de adopción, la jueza de familia reconoció que “Cristina asumió el rol materno de manera responsable y que ambos niños demostraron a través de palabras y con su conducta que Cristina es ‘su mamá’, asumiendo dicho posicionamiento con afecto y límites, pilares para un crecimiento adecuado”.

Sobre los tiempos de espera, la angustia y el final del proceso legal, Morla sostiene “Desde mayo de 2018, cuando volvió a casa, yo sabía no se iba a ir más. Fueron muchas instancias de un proceso en el que la jueza reconoció que yo era la mamá que necesitaba Kiki. Yo por mi parte siempre estuve convencida de que el lugar y la familia para Kiki y Sebastián era junto a mí”.

TN Todo Noticias

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